Pensamiento Sistemico

Pensamiento sistémico.

El pensamiento sistémico es el que se da en un sistema de varios subsistemas o elementos interrelacionados. Intenta comprender su funcionamiento y resolver los problemas que presentan sus propiedades, al igual que en cualquier otro ámbito de la vida, las personas tenemos grandes problemas a la hora de percibir la realidad en el mundo de la empresa. Posiblemente dichos problemas surgen de la interdependencia entre los individuos (como en el dilema del prisionero). En muchas ocasiones la desinformación ante determinadas decisiones (racionalidad limitada), las dificultades para la comunicación ante decisiones compartidas y la falta de confianza entre los agentes (problemas de agencia) hacen que no seamos capaces de percibir la realidad.

En cualquier caso hay que tener en cuenta que nos movemos en dos realidades: la de primer orden u objetiva (aspectos de la realidad que se refieren al consenso de la percepción, y se apoyan en pruebas experimentales, repetibles, y por consiguiente, verificables) y la de segundo orden o subjetiva (que surge de las visiones personales del mundo). Siendo conscientes de que en la mayoría de los casos nos movemos en realidades de segundo orden (percepciones subjetivas) debemos intentar acercarnos a las de primer orden (una visión global e integrada de las cosas). Desde pequeños nos enseñan a fragmentar la realidad para intentar comprenderla, ya que parece más fácil abarcarla en pequeños trozos. ¿Cuál es el problema? Aparentemente ninguno, pero los cierto es que perdemos la visión global y por eso nos resulta difícil entender cómo se relacionan las partes. En el fondo es como si la vida fuera un puzzle que tenemos que construir, pero del que nunca hemos visto la foto. Al crecer nos pasamos la vida entre los trozos del puzzle sin ser capaces de ver como encajan, y sin darnos cuenta que cada uno de esos trozos se descompone a su vez de infinitos trozos cada vez más pequeños e insignificantes.

¿Cómo podemos ver la foto del puzzle? Utilizando el pensamiento sistémico. En el fondo el puzzle es un sistema, y cada trozo es un sub-sistema que se descompone es otros, y así infinitamente. Pero qué es un sistema. Un sistema es una entidad cuya existencia y funciones se mantienen como un todo por la interacción de sus partes. Por ejemplo, una organización empresarial es un sistema, que se descompone a su vez en pequeños subsistemas. Es más, cada uno de nosotros es un sistema que vive en un mundo de sistemas (cuerpo, familia, país,…). Los sistemas tienen las siguientes características:

Tamaño óptimo. Si un sistema aumenta o disminuye de tamaño de forma considerable (sin otros cambios), es posible que deje de funcionar (al menos de forma estable).

Propiedades emergentes. Cada sistema tiene unas propiedades intrínsecas, y distintas a las de las partes, que sólo emergen cuando actúa el sistema completo. Por ejemplo, el ser humano es un sistema en el que surge la capacidad de pensar, de un conjunto de partes (neuronas compuestas al final por átomos en el vacío) incapaces de hacerlo. Si se descompone un sistema se pierden sus propiedades. Por ejemplo, si separamos las partes de una viola no encontramos el sonido en ningún sitio. Todo sistema funciona como una fuerte red elástica. Si se tira de una parte del sistema, se mantendrá en la nueva posición mientras se ejerza presión sobre ella. Cualquier pequeña modificación en una parte del sistema afectará a otras partes del mismo, que a su vez afectarán a otras partes más alejadas del cambio original (este es el conocido efecto mariposa).

Bien, una vez que conocemos las características básicas de todo sistema, hay que hacerse una nueva pregunta: ¿qué cosas debemos considerar a la hora de analizar un sistema? Entre otras, las siguientes:

Los objetivos del sistema al considerarlo como un todo.

El entorno del sistema (sus restricciones).

Los recursos del sistema, es decir, lo que el sistema puede cambiar y utilizar para conseguir sus objetivos.

Los componentes y las actividades que realiza.

La gestión del sistema.

Nuestra tendencia natural a la hora de analizar un sistema es descomponerlo en partes (con el objetivo de comprender su funcionamiento). Este tipo de análisis es erróneo, recordemos que si descomponemos un sistema sus propiedades no se mantienen. Por lo tanto, la única forma de saber cómo funciona un sistema, y cuáles son sus propiedades emergentes, es verlo en acción (y más en el mundo de la empresa…) ¿Pero cómo podemos comprender un sistema si no podemos analizarlo? La respuesta es que tenemos que utilizar nuestra capacidad de síntesis, es decir, la composición de un todo por la unión de sus partes.

En cualquier caso, tenemos suerte, ya que la mayoría de los sistemas se organizan en torno a una serie de reglas generales (arquetipos). Por lo tanto, podemos intentar conocer sistemas muy diferentes e influir sobre ellos, utilizando los mismos principios. El pensamiento sistémico permite identificar patrones y sucesos, y así poder tomar decisiones e influir en los sistemas de forma activa. Para conseguirlo, debemos contemplar el todo y las partes (incluidas sus conexiones). Estudiar el todo es fundamental para comprender las partes. Pero el pensamiento sistémico es un pensamiento circular no lineal, ya que analiza cómo se conectan las partes directa o indirectamente. La calidad de un producto o servicio, aún, la calidad de vida, se circunscribe a la capacidad de percibir, asumir y actuar con pensamiento sistémico. El ser humano habita en un complejo macro-sistema siendo él mismo un modelo de sistema, el cual podría ser descompuesto en subsistemas. Reconocer que un todo es compuesto por diferentes partes las cuales se interrelacionan entre ellas mismas estableciendo vínculos que determinan su equilibrio es el primer punto de partida para actuar éticamente consigo mismo, con los demás y con el ambiente. Desde las relaciones interpersonales es de vital importancia ser consciente de la responsabilidad que recae sobre cada individuo para contribuir con la estabilidad emocional, transformación y gestión del bienestar personal y social. El mundo es un complejo sistema conformado por subsistemas, conjuntos y subconjuntos que se desarrollan con la interdependencia de sus elementos constitutivos, como cuerpos ciertos que de alguna manera requieren de otros sistemas o subsistemas para tomar vida, para mantenerse y aún para garantizar su sostenibilidad. Un sistema es una entidad existente de la cual emergen propiedades que afectan a otros sistemas o subsistemas a partir de la interrelación e interdependencias de sus elementos. Es un todo, conjunto o subconjunto, conformado por elementos, cada uno inseparable para ese sistema de tal manera necesario para su existencia y funcionamiento armónico y complementario. Un sistema puede estar constituido y organizado por una estructura viviente, no viviente, concreta, abstracta, abierta o cerrada y puede ser una creación natural, una producción del hombre o una transformación. Entre los grandes sistemas se tiene el universo, luego la galaxia, el sistema solar hasta llegar al planeta tierra; las diferentes especies vivas conforman sistemas, al igual los ambientes considerados abióticos, sin embargo sólo se concretiza la existencia mediante el funcionamiento, la contribución y complementariedad de las partes, es ello lo que permite observar o al menos obtener beneficios de las propiedades que emergen, las cuales no podrán ser producidas ni reproducidas por sus partes de no estar cada una interrelacionada y actuando desde sus atributos preestablecidos. Al observar el ser humano como sistema complejo, es posible identificar varios sistemas y subsistemas interactuantes los cuales permiten definirlo como un ser vivo con las características que lo hacen comportarse de forma similar a los demás seres de la misma especie. Un conjunto compuesto por estructura ósea, muscular, de circulación y nerviosa, entre otras, dotado de los diferentes órganos, sentidos, memoria e inteligencia da vida y calidad de ella sólo en la medida que cada subsistema funcione adecuadamente y esté en capacidad de vincularse con las partes que ha de relacionarse para contribuir con la estabilidad, equilibrio y el cumplimiento de su o sus funciones.

El ser humano no cobra vida por su corazón, su cerebro o hígado de forma independiente sino por la interrelación de todas sus partes, y aún mucho más desde su actuación como ser inteligente capaz de modificar su entorno para su propio beneficio y el de las demás especies; sin embargo requiere de otros sistemas complejos y simples y de un pensamiento sistémico para poder actuar desde una visión global que garantice minimizar los impactos ambientales negativos y conservar la vida. La responsabilidad sigue siendo consigo mismo, con los demás, con todo aquello provisto por la naturaleza y aquello construido por el mismo hombre.

El pensamiento sistémico puede ser considerado más que un método, como la actitud, la capacidad para orientar el pensamiento de una manera en que se perciba el mundo, el todo, y sus diferentes estructuras como conjuntos integrales que se desarrollan y actúan con determinadas interdependencias de tal manera que de la calidad de los atributos y el funcionamiento de cada componente depende la calidad del funcionamiento del todo y de sus manifestaciones emergentes. Tomando como ejemplo de sistema el “ser humano”, éste se diferencia de otros seres vivos, y su vida igual cobra valor y sostenibilidad a partir de la existencia de otros sistemas, y como ser integral su entidad responde en la medida que sus subsistemas y cada uno de los elementos contenga los atributos requeridos y se encuentre habilitado y dispuesto a cumplir con las funciones pertinentes y complementarias dentro de dicho sistema; un oído oye desde la interacción con el todo, al igual que un ojo puede ver; de estar muerto o fuera del sistema imposible cumplir con su propiedad emergente “oír”, “ver”; qué tal mientras se duerme poner un ojo a vigilar desde una rendija de la puerta o ventana? Hasta raro suena.

La ética como sistema conceptual, ideológico y normativo, garantiza el estado ideal, la emergencia de propiedades de vida desde la integridad del mismo ser, de las especies, mediante la sana convivencia y la protección del ambiente se convierten en responsabilidades y compromisos inherentes de cada uno de los seres humanos. Actuar para vivir cada uno y con todos en armonía con la naturaleza es asunto ético y su primer núcleo y contexto se establece en la familia. Desde luego que como sistema primario (fundamental) se tiene el hábitat, el planeta tierra, espacio donde se congregan sociedades, comunidades constituidas por núcleos familiares y sus propias culturas conocidas como células de la sociedad. La familia es el primer encuentro social que se experimenta como organización de una unidad biótica básica formadora y preparatoria para la vida, es un sistema que se integra a otro sistema, la comunidad, el cual al mismo tiempo responde a otro más complejo: sociedad y cultura. La familia emana propiedades emergentes vitales para la sociedad, entre ellas el comportamiento de sus miembros frente a la misma vida, a la calidad de ella y de las interrelaciones personales con la comunidad, la conservación y sostenibilidad del ambiente. Principios y valores han de fomentarse y cultivarse para facilitar la responsabilidad social; la familia ha de formar a sus miembros con el compromiso de “no sólo” cuidar sus propias vidas, también, la de los demás, mediante el respeto a su integridad y protección de los recursos para mantener equilibrio sobre ellos como garantía de un ambiente apto para la vida y el desarrollo en comunidad. Asumir el mundo, la vida y las diferentes actuaciones desde una visión sistémica garantiza habilidades del individuo para su desempeño familiar, social, académico y laboral; además de ser una responsabilidad social de formación en familia, debe convertirse en un compromiso personal para su activa perpetuación, teniendo en cuenta que los sistemas no sólo son tangibles, las superestructuras, como conjuntos ideológicos también son sistemas que producen sus efectos y contribuyen con la consolidación de la vida de otros sistemas.

La iglesia y la escuela influyen dinámica y cíclicamente al formar padres, la familia y luego continuar con los hijos; como estructura ideológica y de formación son sistemas complementarios de principios y valores “idealmente” dinamizadores y garantes de la sostenibilidad de las especies y su ambiente. La iglesia ha tenido la función de regular el comportamiento del individuo y de cohesionar las comunidades como la gran familia, “supuestamente” vela y propende por la conservación de la vida, entre otras funciones; es la institución más antigua de formación, rectora política y la que ha promulgado las normas de convivencia básicas para garantizar el derecho a la vida y la sana convivencia mediante sus mandamientos; su visión obedece y responde a un macro sistema, que cubre la creación del mundo, el origen del hombre, su convivencia y su destino. Hoy la escuela asume un papel diferenciador al de las funciones de la iglesia, aunque “forma”, su función es más de adaptabilidad a un sistema, “educa” desde los diferentes dominios procedimentales, cognoscitivos y actitudinales.

La escuela. La escuela tiene como función fundamental garantizar en los individuos de sus comunidades competencias para vivir en armonía con ese sistema y aún el global, para ello introduce valores, principios, ideologías y políticas de cohesión social, además de dominios procedimentales y cognoscitivos necesarios para la participación e inclusión en el desarrollo local, regional y nacional, pero con visión global y según las demandas de los diferentes sectores productivos. El SENA orienta desde el enfoque de formación por competencias, buscando la integralidad del aprendizaje: “ser”, “vivir juntos”, “hacer” y “saber”. Entre los principios valores y compromisos que introyecta para contribuir con la integridad del ser y la integralidad se tiene:

Principios.

Primero la vida.

La dignidad del ser humano.

La libertad con responsabilidad.

El bien común prevalece sobre los intereses particulares.

Formación para la vida y el trabajo.

Valores.

Respeto.

Libre pensamiento y actitud crítica.

Liderazgo.

Solidaridad.

Justicia y equidad.

Transparencia.

Creatividad e innovación.

Compromisos.

Convivencia pacífica.

Coherencia ente el pensar, decir y actuar.

Disciplina, dedicación y lealtad.

Promoción del emprendimiento y empresarismo.

Responsabilidad con la sociedad y el medio ambiente.

Honradez.

Calidad en la gestión.

Los elementos anteriormente mencionados indican que los programas de formación SENA son diseñados desde una visión sistémica y, a la vez, propenden por el desarrollo de una actitud de pensamiento sistémico en sus aprendices; los programas específicos preparan desde las interrelaciones vitales para el desempeño con altos niveles de calidad  a partir de sus aspectos estructurantes: la actitud personal, la actitud profesional y la responsabilidad social.

Actitud personal. Ante todo la vida, la formación para la vida. Respeto para sí mismo y para el otro, resaltando de tal manera la dignidad del ser humano y el derecho al gozo de la libertad pero con responsabilidad, de alguna manera restringida por el sistema social. Se propende por un aprendiz integro e integral.

Actitud profesional. Formación para el trabajo con una actitud crítica y un liderazgo de participación creativa e innovadora sobre los compromisos laborales. El aprendiz SENA como técnico o tecnólogo desde sus competencias debe producir evidencias cognoscitivas, de desempeño y de producto, las cuales exigen inherente a ellas capacidad para el trabajo en equipo, la identificación y resolución de problemas, logros posibles sólo mediante la aplicación del pensamiento sistémico.

Responsabilidad social. Sustenta y promueve entre sus compromisos institucionales la convivencia pacífica, la promoción del emprendimiento y empresarismo, la coherencia entre el pensar, decir y actuar y la responsabilidad con la sociedad y el medio ambiente desde la aplicación de un principio clave, el bien común prevalece sobre los intereses particulares. Teniendo en cuenta los anteriores aspectos estructurantes de la calidad de un bien o servicio cada individuo influye y es influido dentro del sistema, por tanto su función social inicia consigo mismo, tiene responsabilidades directas desde su vida y su propia formación, y debe velar por su autonomía para sustentar sus acciones desde los diferentes dominios, cognoscitivo, procedimental y desde luego actitudinal.

Función social del individuo. Cada individuo, debe cumplir una función social, pues hace parte de un todo y como elemento del sistema influye y es influido, su primer compromiso debe ser lograr su propia identidad para actuar desde ella y poder contribuir con su propia transformación y la de los demás a partir de procesos autónomos.

La autonomía Como capacidad del individuo para planear, gestionar y administrar la propia transformación, requiere compromiso individual con visión sistémica, ante todo el cultivo de bienestar personal para fortalecer el bien social, individuos sanos se permean continuamente para su propia transformación buscando integridad de su estructura personal e integralidad en sus proceso de aprendizaje que permitan inclusión social y laboral para el fortalecimiento de las mismas. La autonomía no riñe, de manera alguna, con el trabajo en equipo, simplemente las sinergias se consolidan a partir de las participaciones autónomas con responsabilidad. La autonomía se concretiza en la “libertad supuesta” que tiene cada individuo de influir en su propia vida y a partir de ello afectar a su comunidad; éticamente se espera que su intervención sea positiva con algunos niveles de altruismo y para lograrlo o al menos orientarse hacia ello requiere una participación activa en sus procesos autónomos de aprendizaje, autónomos en el sentido de que sólo él decide aprender independiente de los esfuerzos que pueda hacer el sistema educativo y directamente el maestro, docente, instructor o como mejor aplique. No se aprende porque se enseñe y no necesariamente se enseña cuando alguien aprende, la misma vida es aprendizaje, sin embargo se aprende cuando se quiere aprender. El mismo individuo es responsable de su propia integridad a partir de una visión integral del ambiente donde se desarrolla y de sus interdependencias globales.

Integridad e integralidad. Ambas palabras con etimología proveniente del verbo “integrar” conformar un todo, pero con alguna variación al sustantivarse. “Integridad” ha sido utilizado para significar la cohesión de cada una de las partes para constituir o mantener el todo armónico y con su funcionamiento vital. De ahí que básicamente se suele hablar de integridad desde un propio sistema, su cohesión interna, ejemplo integridad personal, término que se refiere a un estado ideal en el cual el individuo mantiene en equilibrio su sistema a partir de la plenitud de sus subsistemas psíquicos y físicos y el reconocimiento de su identidad en todas sus dimensiones por parte de su comunidad, un todo con derechos, ante todo el de la vida, un estado de derecho. El término “integralidad” asume aspectos externos para la conformación de un todo, su estructura se torna dinámica, asumiendo complementaciones de acuerdo con las transformaciones socio-políticas y económicas, y del entorno. Integralidad de la formación: la formación SENA propicia cada uno de los subsistemas requeridos para la integridad de su aprendiz, de ahí que vela por ofrecer a la sociedad y los diferentes sectores productivos individuos con comportamientos éticos y demás dominios cognoscitivos y procedimentales acordes con la época y desarrollos globales, contribuyendo de tal manera con la integridad del ser, dotándole de lo demandado, formación pertinente y actualizada con visión sistémica.

Aplicación de pensamiento sistémico. El pensamiento sistémico facilita la comprensión de aquellas totalidades con las cuales convivimos y de las cuales sólo vemos sus partes “se ve el árbol pero no el bosque”, o aún más se sienten sus propiedades emergentes, sus beneficios o amenazas desconociendo sus causas, la relación es causa efecto, no sólo una de ellas. Las partes o elementos de los sistemas son importantes, desde luego, pero cumplen una función que sólo a partir del todo emergen propiedades integrales, absolutamente diferentes a las parciales. Para la resolución de problemas el pensamiento sistémico es ideal, sugiere comprensión de sus partes pero integradas en el todo, se hace conciencia del efecto que se tiene al modificarse los atributos de uno de los subsistemas o elementos; romperse uno de los vínculos ya significa variación, alteración o caída del sistema, efecto “domino” y “castillo de naipes”. El pensamiento sistémico demanda ir más allá del mero análisis, se hace necesario trascender el proceso con la síntesis para poder comprender las relaciones entre los subsistemas y elementos, la función vital de las partes y la resultante de dicha integración sobre el todo.

Análisis. Procedimiento de conocimiento el cual permite la identificación de las partes en una estructura y tomar algunas inferencias de los aportes al todo, los diagramas circulares y causales son herramientas que facilitan el proceso, ayuda a identificar las variables de entrada, salida y sus influencias, sin embargo el conocimiento del sistema sólo podrá lograrse al concluirse con la síntesis. Pensamiento sistémico asunto ético Síntesis. Integrar las partes de tal manera que produzcan las propiedades emergentes características de un todo, de una totalidad. Sólo la reproducción de los resultados de ese sistema en funcionamiento concretiza el proceso de síntesis. Con el análisis podría decirse se ve el árbol pero no el bosque; con la síntesis podría hacerse referencia al efecto castillo de naipe, funciona establemente o se derrumba; es decir que se hace posible el “ciclo de realimentación” de refuerzo el cual se orienta hacia la cohesión de las partes para contribuir con el objetivo; o el “ciclo de balance o compensación” el cual presenta oposición sobre el logro del objetivo inicial. Importantísimo tener en cuenta que para el desarrollo de un proyecto, se parte del insumo fundamental: la estructura humana, sistema altamente complejo y modelo de sistema, la primera carta de presentación para la vida en comunidad, y entre ellas la laboral, cada parte de este sistema determina la aceptación y rendimiento del todo en cuanto a ser, conocimiento y desempeño. ¿Qué actitud emana para comportase en equipo y responder ante compromisos, para solucionar problemas o contribuir en su resolución? ¿Qué organización del trabajo se demuestra? ¿Cuál es la eficiencia o la calidad del producto o servicio?

Para la comprensión de los sistemas en la aplicación de la fase de análisis y la síntesis se tienen básicamente herramientas de gráficas, mapas y diagramas, pues éstas ayudan a visualizar el todo a partir de sus subsistemas, elementos y conexiones. Algunos diagramas comúnmente utilizados para el desarrollo de software como el de casos de uso, de clases, de datos, etc. permiten apoyar las etapas de análisis y síntesis, sin embargo frente a cada tipo de proyecto que se emprenda existirán una variedad de herramientas de análisis como lo son el diagrama de causa y efecto, el diagrama de afinidad, de dispersión, de flujo, de relación, matricial y en árbol, entre otros. Para la elaboración de un proyecto de software por ejemplo es necesario poner todo el sistema humano a su servicio, una actitud cargada de responsabilidad, la cual ya indica compromiso y disciplina complementaria a los dominios cognoscitivos y a la aplicación de los mismos durante el desempeño para el logro del programa, de las propiedades emergentes objeto de él. Tener claridad de los aspectos inherentes a las diferentes fases del proyecto es clave, de la planeación dependerá en gran parte el rendimiento y éxito de las fases sucesivas, ejecución, implementación y evaluación.

Planeación.

Determinar las especificaciones del Sistema de acuerdo con las necesidades del cliente, propósito del sistema y restricciones operativas.

Determinación de las herramientas a utilizar: Equipos, software y dispositivos requeridos. Matriz de actividades. Cronograma.

Diseño del sistema de evaluación, qué evaluar, cuándo, cómo, con qué, criterios e indicadores.

Ejecución.

Desarrollo de las actividades propias del sistema.

Administración integral del desarrollo.

Optimización de recursos y procesos.

Implementación y evaluación:

Distribución e instalación del sistema.

Ejecución de pruebas desde los diferentes servicios o propósitos, incluyendo saturación de uso, demanda de procesamiento de datos.

Verificación de funcionamiento integral; desde la validación de usuarios hasta la producción de informes como resultados de operaciones objeto del sistema.

Verificación de los sistemas de seguridad implementados.

Aplicación del sistema de evaluación diseñado en la fase de planeación y ajustado en proceso.

El pensamiento sistémico, no es sólo una actitud frente al proceso de aprendizaje, también orienta la actuación del hombre frente al universo; su eficiencia, creatividad, capacidad de innovación y resolución de problemas generalmente es resultante del tipo de relaciones que sostenemos consigo mismo, con el otro y el entorno, y en cómo percibimos el mundo, sus interrelaciones e interdependencias, sus causas y efectos.

https://juancarrion.wordpress.com/2009/02/19/el-pensamiento-sistemico-en-la-empresa-i/

https://senaintro.blackboard.com/bbcswebdav/pid-88028928-dt-content-rid-111675676_4/institution/semillas/228101_2_VIRTUAL/OAAPs/OAAP5/aa3/oa10/index.html

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